La poesía se ocupa también de la oscuridad: Alberto Ruy Sánchez.

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Suele decirse que la literatura no ofrece respuestas, si acaso genera más preguntas.

 

 

 

Alberto Ruy Sánchez matiza un tanto: “No es que la literatura no ofrezca respuestas, es que no te da la respuesta”, lo que intenta demostrar en su más reciente libro, Dicen las jacarandas (Ediciones Era, 2019), a ratos un volumen de poesía y en otros de ensayo, pero que en todo momento apuesta por la reflexión.  “La literatura propone ejercer una serie de cualidades, la primera es la de reflexionar, como la mencionaba Hanna Arendt, pero también están la de imaginar y la de contemplar. Piensa Hanna que cuando hay regímenes con ‘otros datos’, recortan la realidad o, por la agresividad que tienen, te obligan solo a pensar en una respuesta agresiva, están limitando tu posibilidad de reflexión: la gente que está a favor del líder o en su contra, y cree que la vida se reduce sólo a eso, está ejerciendo solo una parte de su cualidad reflexiva”. Se trata de una actitud y de una forma de estar en el mundo del mismo Alberto Ruy Sánchez: si hace mil años los japoneses mandaron plantar árboles de cerezo, un poco para suplir la veneración del pueblo a la flor del ciruelo, amada por los chinos, en México, específicamente en Ciudad de México, fueron las jacarandas las que asumieron ese papel. Si bien llegaron hace menos de un siglo y poblaron calles, parques y plazas, forman parte de una escenografía que no solo sirve para la contemplación en el escritor, sino también para la reflexión y para asuntos varios de la vida cotidiana. 

“El libro tiene varias dimensiones sociales importantes. Una de ellas es, de un modo más abstracto, la idea de que la vida no solamente es el memorial de agravios; por ejemplo, en Artes de México reivindicamos la atención que ponemos a la creatividad popular, pensando que en el mundo indígena no todo es memorial de agravios, sino que hay momentos de luz. “Este mismo principio de contar con islas de luz dentro de un panorama lleno de grises y oscuridades, se aplica a todas las dimensiones de la vida y es importante para vivir: nos ayuda a vivir. La afirmación de la existencia de la belleza y la existencia de la luminosidad de la vida, tiene que ser parte de nuestra atención, incluso en la vida social y en la vida política”, a decir de Ruy Sánchez. Poesía y realidad Aurelio Asiain, quien vive en Japón y está más cerca de los cerezos, alguna vez le confesó a Alberto Ruy Sánchez que si en México cuidáramos a las jacarandas como en la nación asiática lo hacen con los cerezos, “seríamos un mejor país”. Otro principio que guía algunos caminos de la vida cotidiana del narrador y poeta: no como huida de la realidad, sino para completar todas las dimensiones que tiene esa realidad, “la poesía no tiene que ocuparse nada más de lo luminoso, también debe hacerlo de las oscuridades; poner el dedo sobre la luz nos ayuda a darnos cuenta que no hay oscuridad sin luz y no hay luz sin oscuridad”. 

En la contemplación de las jacarandas, en las imágenes que de ahí surgen, Ruy Sánchez no solo se ha enfrentado a un asombro que se convierte en parte de su vida cotidiana, sino también en una metáfora de una ética urbana, “en la cual si cuidáramos más los árboles seríamos mejores ciudadanos. “Hay otra dimensión importante: la migración. La migración no solo se da entre los humanos, sino también está en los animales, en las plantas, porque hay toda una tendencia nacionalista que rechaza a las jacarandas porque no son endémicas, lo cual es totalmente absurdo; lo importante es que puedan convivir, no rechazarlas porque ‘solamente’ llegaron hace más de 100 años. Todo lo que llegó hace más de un siglo ya es mexicano”. Dicen las jacarandas es resultado de más de una década de escritura de Ruy Sánchez: el tema lo persiguió durante todo ese tiempo, porque poco a poco se convertía no solo en metáfora de su vida interior, sino en el de muchas otras personas: un volumen entre poesía y ensayo —incluso hay un apartado en el que reúne lo que otros han escrito sobre las jacarandas, que se apropia de la palabra para dar varias respuestas sobre el estar del árbol en una atmósfera urbana y sus múltiples significados. El volumen se presenta este jueves a las 18 horas con una conversación entre Alberto Ruy Sánchez y Jorge Asbún, en el Auditorio Bernardo Quintana, como parte de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.  

Una breve guía para dar vida No lo dicen las jacarandas, pero hay quienes temen sembrarlas porque, supuestamente, rompe las banquetas. Ruy Sánchez sí dice que lo más importante es sembrarlas profundamente y darles agua de manera constante, para que las raíces no busquen en la superficie. Una jacaranda puede absorber grandes cantidades de plomo, por ejemplo el emanado de por lo menos 10 autos. 

 

 

Nota tomada de milenio.com

 

Suele decirse que la literatura no ofrece respuestas, si acaso genera más preguntas.

 

 

 

Alberto Ruy Sánchez matiza un tanto: “No es que la literatura no ofrezca respuestas, es que no te da la respuesta”, lo que intenta demostrar en su más reciente libro, Dicen las jacarandas (Ediciones Era, 2019), a ratos un volumen de poesía y en otros de ensayo, pero que en todo momento apuesta por la reflexión.  “La literatura propone ejercer una serie de cualidades, la primera es la de reflexionar, como la mencionaba Hanna Arendt, pero también están la de imaginar y la de contemplar. Piensa Hanna que cuando hay regímenes con ‘otros datos’, recortan la realidad o, por la agresividad que tienen, te obligan solo a pensar en una respuesta agresiva, están limitando tu posibilidad de reflexión: la gente que está a favor del líder o en su contra, y cree que la vida se reduce sólo a eso, está ejerciendo solo una parte de su cualidad reflexiva”. Se trata de una actitud y de una forma de estar en el mundo del mismo Alberto Ruy Sánchez: si hace mil años los japoneses mandaron plantar árboles de cerezo, un poco para suplir la veneración del pueblo a la flor del ciruelo, amada por los chinos, en México, específicamente en Ciudad de México, fueron las jacarandas las que asumieron ese papel. Si bien llegaron hace menos de un siglo y poblaron calles, parques y plazas, forman parte de una escenografía que no solo sirve para la contemplación en el escritor, sino también para la reflexión y para asuntos varios de la vida cotidiana. 

“El libro tiene varias dimensiones sociales importantes. Una de ellas es, de un modo más abstracto, la idea de que la vida no solamente es el memorial de agravios; por ejemplo, en Artes de México reivindicamos la atención que ponemos a la creatividad popular, pensando que en el mundo indígena no todo es memorial de agravios, sino que hay momentos de luz. “Este mismo principio de contar con islas de luz dentro de un panorama lleno de grises y oscuridades, se aplica a todas las dimensiones de la vida y es importante para vivir: nos ayuda a vivir. La afirmación de la existencia de la belleza y la existencia de la luminosidad de la vida, tiene que ser parte de nuestra atención, incluso en la vida social y en la vida política”, a decir de Ruy Sánchez. Poesía y realidad Aurelio Asiain, quien vive en Japón y está más cerca de los cerezos, alguna vez le confesó a Alberto Ruy Sánchez que si en México cuidáramos a las jacarandas como en la nación asiática lo hacen con los cerezos, “seríamos un mejor país”. Otro principio que guía algunos caminos de la vida cotidiana del narrador y poeta: no como huida de la realidad, sino para completar todas las dimensiones que tiene esa realidad, “la poesía no tiene que ocuparse nada más de lo luminoso, también debe hacerlo de las oscuridades; poner el dedo sobre la luz nos ayuda a darnos cuenta que no hay oscuridad sin luz y no hay luz sin oscuridad”. 

En la contemplación de las jacarandas, en las imágenes que de ahí surgen, Ruy Sánchez no solo se ha enfrentado a un asombro que se convierte en parte de su vida cotidiana, sino también en una metáfora de una ética urbana, “en la cual si cuidáramos más los árboles seríamos mejores ciudadanos. “Hay otra dimensión importante: la migración. La migración no solo se da entre los humanos, sino también está en los animales, en las plantas, porque hay toda una tendencia nacionalista que rechaza a las jacarandas porque no son endémicas, lo cual es totalmente absurdo; lo importante es que puedan convivir, no rechazarlas porque ‘solamente’ llegaron hace más de 100 años. Todo lo que llegó hace más de un siglo ya es mexicano”. Dicen las jacarandas es resultado de más de una década de escritura de Ruy Sánchez: el tema lo persiguió durante todo ese tiempo, porque poco a poco se convertía no solo en metáfora de su vida interior, sino en el de muchas otras personas: un volumen entre poesía y ensayo —incluso hay un apartado en el que reúne lo que otros han escrito sobre las jacarandas, que se apropia de la palabra para dar varias respuestas sobre el estar del árbol en una atmósfera urbana y sus múltiples significados. El volumen se presenta este jueves a las 18 horas con una conversación entre Alberto Ruy Sánchez y Jorge Asbún, en el Auditorio Bernardo Quintana, como parte de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.  

Una breve guía para dar vida No lo dicen las jacarandas, pero hay quienes temen sembrarlas porque, supuestamente, rompe las banquetas. Ruy Sánchez sí dice que lo más importante es sembrarlas profundamente y darles agua de manera constante, para que las raíces no busquen en la superficie. Una jacaranda puede absorber grandes cantidades de plomo, por ejemplo el emanado de por lo menos 10 autos. 

 

 

Nota tomada de milenio.com