La desgracia de los varados

Opinión
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Galo Arellano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Estos seres humanos tienen pánico a contagiarse, están en medio de potenciales estallidos sociales, muchos sin medicamentos, quebrados emocional y económicamente, los más afortunados al menos sufren el drama con sus hijos, otros tienen a sus familiares esperando en casa. Sus visas pronto expirarán al igual que sus pasaportes".

Nada obtienen los gobiernos mundiales imponiendo cuarentenas y aislamiento social en sus naciones si dejan a miles de viajeros varados y amontonados en sus aeropuertos, hoteles y quién sabe dónde. Su drama es una bomba de tiempo que amenaza con deshacer todos los esfuerzos emprendidos por los países para contener la pandemia.

Es hora de una acción a máxima escala para rescatarlos. ¿Dónde están los aviones 'Hercules' de los que siempre presumen los ejércitos para sus guerras que nunca llegan?

Las instituciones financieras que antes de la pandemia usaban slogans noveleros para atraer clientes ¿dónde están para agilitar préstamos y sobregiros a los afectados?

Las grandes cadenas hoteleras que promocionaban sus servicios con frases como: ‘tu comodidad es nuestra prioridad’ ¿Cuál es su prioridad ahora?, ¿Dónde está el programa de asistencia sanitaria y alimentaria de las Naciones Unidas? Ahora resulta que pedirle un corredor humanitario a las organizaciones internacionales - quienes por décadas estaban supuestas a prepararse para lidiar con hecatombes - es algo utópico, inalcanzable.

Estos seres humanos tienen pánico a contagiarse, están en medio de potenciales estallidos sociales, muchos sin medicamentos, quebrados emocional y económicamente, los más afortunados al menos sufren el drama con sus hijos, otros tienen a sus familiares esperando en casa. Sus visas pronto expirarán al igual que sus pasaportes.

En algunas regiones del mundo tendrán que pagar multas por cada día que permanezcan ilegales, otros podrían ir presos o perder sus visas para siempre. La mayoría sin seguro médico, sin seguro de viajes, sin oportunidad de trabajar, en fin, una pesadilla en un país ajeno.

Es el momento para que la ONU, la OEA, el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, el Comité de los Derechos de los Niños, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Corte Europea de Derechos Humanos, la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, en fin centenares de instituciones muestren de qué están hechas.

Los políticos tienen frente a ellos el mayor reto de sus vidas: Invocar al sentimiento solidario del planeta antes de que todos quedemos varados en nuestros propios suelos.

UNIVISiÓN.

Galo Arellano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Estos seres humanos tienen pánico a contagiarse, están en medio de potenciales estallidos sociales, muchos sin medicamentos, quebrados emocional y económicamente, los más afortunados al menos sufren el drama con sus hijos, otros tienen a sus familiares esperando en casa. Sus visas pronto expirarán al igual que sus pasaportes".

Nada obtienen los gobiernos mundiales imponiendo cuarentenas y aislamiento social en sus naciones si dejan a miles de viajeros varados y amontonados en sus aeropuertos, hoteles y quién sabe dónde. Su drama es una bomba de tiempo que amenaza con deshacer todos los esfuerzos emprendidos por los países para contener la pandemia.

Es hora de una acción a máxima escala para rescatarlos. ¿Dónde están los aviones 'Hercules' de los que siempre presumen los ejércitos para sus guerras que nunca llegan?

Las instituciones financieras que antes de la pandemia usaban slogans noveleros para atraer clientes ¿dónde están para agilitar préstamos y sobregiros a los afectados?

Las grandes cadenas hoteleras que promocionaban sus servicios con frases como: ‘tu comodidad es nuestra prioridad’ ¿Cuál es su prioridad ahora?, ¿Dónde está el programa de asistencia sanitaria y alimentaria de las Naciones Unidas? Ahora resulta que pedirle un corredor humanitario a las organizaciones internacionales - quienes por décadas estaban supuestas a prepararse para lidiar con hecatombes - es algo utópico, inalcanzable.

Estos seres humanos tienen pánico a contagiarse, están en medio de potenciales estallidos sociales, muchos sin medicamentos, quebrados emocional y económicamente, los más afortunados al menos sufren el drama con sus hijos, otros tienen a sus familiares esperando en casa. Sus visas pronto expirarán al igual que sus pasaportes.

En algunas regiones del mundo tendrán que pagar multas por cada día que permanezcan ilegales, otros podrían ir presos o perder sus visas para siempre. La mayoría sin seguro médico, sin seguro de viajes, sin oportunidad de trabajar, en fin, una pesadilla en un país ajeno.

Es el momento para que la ONU, la OEA, el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, el Comité de los Derechos de los Niños, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Corte Europea de Derechos Humanos, la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, en fin centenares de instituciones muestren de qué están hechas.

Los políticos tienen frente a ellos el mayor reto de sus vidas: Invocar al sentimiento solidario del planeta antes de que todos quedemos varados en nuestros propios suelos.

UNIVISiÓN.