¿México debería cambiar de federación?
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La perspectiva que la Selección mexicana mejoraría jugando en Sudamérica no es necesariamente cierta.

La perspectiva que la Selección mexicana mejoraría jugando en Sudamérica no es necesariamente cierta.

 

Parece que el daño más grande que vive el territorio azteca, futbolísticamente hablando, es su ubicación geográfica. Alrededor de 2,032 kilómetros separan a México de Colombia, misma distancia que los aleja de jugar en CONMEBOL, una de las ideas más repetidas para mejorar el nivel del fútbol mexicano.

Cada que se juega un torneo relacionado a la CONCACAF se hace referencia al fútbol sudamericano y las ganas que se tienen de competir en esa zona, y a colación aparece el ejemplo de Australia que dejó Oceanía para competir en la confederación asiática después de vencer 31-0 a Samoa Americana.

Esto ocurre tanto en torneos de selecciones como de clubes, el deseo por jugar la Copa América como torneo oficial veraniego continental y la Libertadores para los equipos de la Liga MX es cada vez más grande.

Cuando se anunció que México no participará en ninguna de estas competencias, incluso por varios años, fue un golpe fuerte para los aficionados, porque aunque muchos se cansaron de reventar el nivel de la final Copa Libertadores 2018 entre Boca Juniors y River Plate, saben que es superior a lo que vivimos en Liga de Campeones de CONCACAF y Copa Oro, evidentemente.

¿Por qué México dejó de participar en CONMEBOL?

Los calendarios son la principal diferencia entre federaciones, un ejemplo perfecto es que se está jugando la Copa Oro y Copa América al mismo tiempo y esto imposibilita a México de participar en ambos torneos. La última aparición fue en el torneo Copa América Centenario de 2016, año donde también hubo Copa Oro pero sí existió suficiente tiempo de separación, aunque en aquel tiempo hubo dos grupos de jugadores y de cuerpo técnico, uno para preparar cada torneo, y en cada competencia terminó mal, uno goleado ante Chile y otro eliminado en semifinal por Jamaica.

En cuanto a Copa Libertadores es algo similar, se cambió el calendario de febrero a noviembre y esto complica la participación de México, además de la dificultad para enviar a los mejores equipos -o al menos los campeones- porque tienen que jugar la Concachampions, casi podríamos decir que salir campeón de liga en México sería negativo porque parece un castigo jugar el torneo de CONCACAF, y aquellos que no ganan, pero hacen un torneo decente, irían a la Libertadores.

El deseo tiene sustento

Durante la actual Copa Oro ha tocado jugar ante Cuba y Martinica, dos rivales de muy baja calidad. El primero fue goleado y el segundo complicó más, pero de igual forma se sacó el triunfo. No representa mucha exigencia para México esta clase de partidos, tampoco lo han sido San Vicente, Guatemala, Guadalupe o Nicaragua en ediciones anteriores.

También ha tocado enfrentar a países como Brasil o Colombia en este torneo, al primero se le han ganado finales y el segundo los eliminó en cuartos. Otro rival exótico de esta competencia ha sido Sudáfrica que también le tocó enfrentar al tricolor.

La idea de que esto genera nula competencia es generalizada, incluso para futbolistas que no les representa una especial motivación acudir a esta clase de compromisos, algunos por lesión y otros directamente pidieron permiso para ausentarse de asuntos que consideraron más importantes, y la duda es: si habláramos de un grupo de Copa América con Brasil y Uruguay, ¿también habrían faltado o hubiesen hecho un esfuerzo extra por estar?

No cabe duda que el torneo vigente más viejo de la historia es una vitrina para futbolistas, así lo declaraba Ramón Ramírez quien dijo tener propuestas de Europa tras la Copa América de 1993. Pero si prestamos atención a diarios internacionales, muy pocos o nadie han hecho notas sobre la Copa Oro. Todo es: Copa América, Mundial Femenil, Eurocopa sub-21 e incluso la Copa Africana, pero se olvidan de nuestra parte del continente.

Es evidente que México es el gran favorito para llevarse el título, o Estados Unidos puede dar un golpe, pero de ahí en adelante solo se esperan una historia de cenicienta que ya se enteraran si es que ocurre. No somos relevantes para el mundo, sólo existimos para @2010MisterChip poniendo datos en Twitter y de ahí se enteran, aunque las interacciones de esta referencia digital al poner datos de Copa Oro son mayormente también de esta zona concacafquiana.

Factores para no cambiarse

Por donde queramos verlo, México es la gallina de los huevos de oro para CONCACAF. Las asistencias a los estadios que registra no las tiene nadie más, es un fenómeno extraño que sea el único país que es local en dos países distintos.

Para darnos una idea: México vs Cuba registró un a 65,527 personas en un estadio de 92,542, mientras que Brasil vs Bolivia, partido inaugural de Copa América a disputarse en territorio brasileño, llevó a 46,342 en un estadio de 72,039.

Ninguno se llenó, pero hubo un 70.80% y 64.32% de afluencia respectivamente. La corta diferencia de porcentajes es amable si nos damos cuenta de la diferencia real de personas, hubo 19,185 más viendo a México, algo aproximado al aforo del estadio de Lobos BUAP, de Dorados de Sinaloa o de Tecos.

Ir a ver a Mexico en CONMEBOL no es atractivo para los aficionados. ¿Se imaginan a alguien en Chile 2015 diciendo “voy a comprar una entrada para el México vs Bolivia”? Se jugó en el estadio Sausalito, capacidad de 23,423 personas y fueron 14,987. ¿Cómo vas a meter gente a un partido así? Y para empeorarlo terminó en un aburridísimo 0-0.

Aunque sea un rival peor, un México vs Cuba mete más gente (65 mil, Rose Bowl) a un estadio que un México vs Ecuador en la Copa América 2015 (11,051, estadio El Teniente) o un México vs Chile, del mismo torneo, donde fueron 45,583 en un estadio de 48,665, y esto porque era ante el anfitrión. Y tengamos clara una cosa: la mejor entrada en la última Copa América de México en sudamérica (recordar que la edición 2016 fue en E.U.A.), tiene 19,944 asistentes menos que el partido contra Cuba, país 175 en el ranking de la FIFA.

Hay un negocio gigante con los paisanos que viven en Estados Unidos, por eso la Copa Oro se juega cada dos años, la recaudación de dinero de televisoras, patrocinios y taquillas tiene que ser constante para mantener viva la confederación, dado que los ingresos de países que no sean México o Estados Unidos son demasiado pocos, tanto así que Martinica tuvo que hacer crowfunding, una campaña de recaudación de fondos por internet, para poder asistir.

Según Forbes, la recaudación por taquillas de México en Copa Oro se estima entre los 45 y 51 millones de dólares para 2019, sin contar mercancía del equipo y consumo en el estadio.

Desde el 2000, México promedia 60 mil asistentes por partido, incluso entre 2008 y 2018, México ha jugado más partidos en Estados Unidos que la propia selección norteamericana, 61 y 15 respectivamente.

En el 2000 la final fue Canadá vs Colombia. Fueron 7,000 personas, mismas que perfectamente caben en el Olímpico Francisco I. Madero, en Saltillo; Mario Villanueva, en Playa del Carmen; o el estadio Socum en Orizaba, los tres pertenecientes a la categoría de Segunda y Tercera División de México. Una buena forma de dimensionar la ridícula cifra de esa final.

Sin México, la Copa Oro no podría existir, y por supuesto que esto lleva beneficios económicos para el tricolor, no va a estar poniendo su imagen y manteniendo a la confederación por ser buenas personas, y son cantidades que no se podrían recaudar si solo se jugase Copa América.

Si México saliera de CONCACAF no podría conseguir la misma cantidad de dinero, y entonces ¿de dónde se recaudaría esa pérdida por cambio de confederación?

Los intereses económicos deben ir por arriba de los deportivos, y si pueden ir de la mano estaría de lujo, pero para que podamos seguir viendo fútbol hay que generar dinero. El fútbol es una empresa enorme que no tiene dueño, hay unos en Suiza que organizan todo, pero no son los propietarios, así que hay que generar ingresos para poder seguir gozando del espectáculo que es este deporte. Si creemos que lo principal es el juego, estamos muy perdidos.