Armando Ramírez, el cronista de la ciudad (in)visible
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Cultura
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Desde esa identidad de pertenencia que caracteriza a los habitantes de Tepito, durante más de 30 años Ramírez fomentó un modo de hacer literatura y periodismo que revitalizó el habla popular

Desde esa identidad de pertenencia que caracteriza a los habitantes de Tepito, durante más de 30 años Ramírez fomentó un modo de hacer literatura y periodismo que revitalizó el habla popular

 

Desde esa identidad de pertenencia que caracteriza a los habitantes de Tepito, durante más de 30 años Armando Ramírez fomentó un modo de hacer literatura y periodismo que revitalizó el habla popular y conformó un mosaico de personajes icónicos de la cultura urbana que subyace en la ciudad.

Su niñez transcurrió dentro de una vecindad frente a la Plaza de Fray Bartolomé de las Casas, en el corazón de Tepito. Su primer acercamiento a las letras se lo dio su abuelo, un anciano carrancista que le enseñó a él y a sus hermanos a leer y escribir (“no salíamos sin aprender la lección del día. Era un saque de onda.”). Un tío evangelista lo forzaba a leer versículos de la Biblia y otro más, “el pesudo de la vecindad”, sacaba al patio un tocadiscos en el que Armando descubrió a Louis Armstrong y Ella Fitzgerald.

Fue “morongo”, ayudante de carnicero y vendedor de lotería.Esos recuerdos, junto a los “cuentos orales” que Ramírez escuchaba en boca de teporochos, carteristas y boxeadores fracasados; y “la formación libresca de la vecindad, que consiste en Walt Disney, historias de viaje y la mitología griega”, lo llevaron a expresarse a través de la literatura.