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Venus vs. Venus mezclan su obra para invitar al espectador a enfrentar ideas: “¿qué cuadro es de quién?, ¿qué es lo femenino?, ¿qué plantea cada una?” en torno a la sexualidad femenina.

Venus vs. Venus mezclan su obra para invitar al espectador a enfrentar ideas: “¿qué cuadro es de quién?, ¿qué es lo femenino?, ¿qué plantea cada una?” en torno a la sexualidad femenina.

El cuerpo femenino contiene infinidad de rutas: las artistas Rigel Herrera (Guadalajara, 1975) y Andrea Badillo (Saltillo, 1996) muestran, en una exposición dual, los caminos que en él han descubierto a través del arte. Ambas exploran el erotismo, las dos confrontan el pudor que produce la piel desnuda; en Venus vs. Venus mezclan su obra para invitar al espectador a enfrentar ideas: “¿qué cuadro es de quién?, ¿qué es lo femenino?, ¿qué plantea cada una?” en torno a la sexualidad femenina.

La exposición surgió de ese momento en el que la casualidad encuentra coincidencias: “hace menos de un año estábamos las dos en el taller, ella trabaja todo el tiempo conmigo; un día las dos pintábamos una rosa, nos quedamos pensando que su rosa era completamente diferente a la mía. Ahí decidimos hacer una exposición dual, una especie de contraposición de nuestra obra, un ir y venir erótico de las dos obras. No se trata de estar en contra sino de reafirmar y no negar que Andrea ha estudiado conmigo y que su técnica se parece; ésa es una de las cosas que a los artistas se les reclama mucho: que se parecen a sus maestros”, cuenta Herrera.

Badillo estudió artes plásticas en la Universidad Autónoma de Coahuila; con una beca que obtuvo antes de terminar su tesis, le dieron la oportunidad de escoger a un artista para asistirlo durante un mes. Mónica Mayer le recomendó a Herrera. La joven saltillense venía por un mes y ahora radica en la Ciudad de México. Hallaron coincidencias: ambas son figurativas y el cuerpo y la sexualidad femeninas están siempre en su obra.

La exposición dual era casi natural, sólo que para Venus vs. Venus la maestra ha cedido ante su aprendiz y ha trabajado completamente sus cuadros a partir de la obra de Badillo. Los cuadros de Herrera confrontan y, en ocasiones, complementan el discurso de ambas: en un caso, por ejemplo, la rosa es un motivo erótico que complementa la lencería con la que la mujer cubre su cuerpo para darle dimensión sensual; en el caso de Badillo, la rosa aparece explícitamente como objeto, todavía erótico, para censurar un seno descubierto, es casi un sustituto de la parte que oculta.

En el caso de Andrea, la rosa se vuelve parte de la belleza femenina; en mi cuadro se vuelve banal, moda, publicidad, erotismo cliché, menos natural”, concluye.