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Cultura
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A partir del próximo 24 de junio, Arabia Saudí
permitirá que las mujeres manejen y levanta la obligatoriedad de que
vistan el velo integral, derechos que busca reivindicar esta artista multidisciplinaria

A partir del próximo 24 de junio, Arabia Saudí
permitirá que las mujeres manejen y levanta la obligatoriedad de que
vistan el velo integral, derechos que busca reivindicar esta artista multidisciplinaria

 

Los derechos de las mujeres saudíes son la materia prima de la artista Manal al Dowayan. Aunque nunca se planteó hacer arte político, su empeño por visibilizar a las mujeres en una sociedad que lucha por ocultarlas la ha convertido en una auténtica activista.

Una lucha que parte de algo tan simple como atreverse a ponerles nombre.

Con Esmi-My Name (mi nombre), la artista saudí (1973) lanzó una acción a gran escala en 2012 para que mujeres de todo el país escribieran sus nombres en bolas de madera que luego convirtió en una instalación de tasbih o rosarios musulmanes gigantes.

”La invisibilidad de la mujer en Arabia Saudí a veces es tal que los hombres se avergüenzan de decir sus nombres en público”, cuenta en un encuentro en la Casa Árabe de Madrid. La costumbre de nombrar a las madres con el nombre del varón primogénito, precedido de Um (madre) facilita que un nombre de mujer apenas se pronuncie.

”No nombrar a las mujeres es también una forma de mostrar la vergüenza que se siente por el cuerpo femenino o su voz, de ahí la necesidad de cubrir su rostro, de crear seres invisibles”, denuncia a su paso por la capital española, donde participó en un encuentro sobre el empoderamiento de la mujer árabe.

Rescatar identidades

Su acción Esmi fue mucho más allá de la instalación artística: tras charlas y mesas de diálogo, muchas mujeres protagonizaron diversas acciones para visibilizar sus nombres, que tuvieron una amplia repercusión internacional.

Un año antes, ya había convocado a las saudíes a enviarle todo tipo de permisos que las mujeres tienen que solicitar en el país para viajar, trabajar o hacer casi cualquier cosa. 200 mujeres respondieron y con ellos hizo figuras de palomas que suspendió en el aire en una instalación (Suspended Together) que llegó a la Fundación Santander en España.